Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

LA LIBRERA ERA EL GENIO Libros, librerías y autores de un siglo

Una vez más hay que destacar la labor editorial de Manuel Ortuño al frente de Trama, acercándonos a los secretos y misterios que rodean al mundo del libro.

La librera y los genios es la reivindicación de la importancia del librero vocacional y esforzado en el mantenimiento de la chispa cultural en tiempos difíciles.

Mientras la pandemia del coronavirus no deja de soplar nuestro cogote −la misma covid-19 que durante toda una primavera ha obligado cerrar negocios no esenciales; sin tener en cuenta que la cultura también es esencial− Manuel Ortuño, de Trama editorial, sigue en su reto de desvelarnos secretos y misterios alrededor del mundo del libro y de la edición. Justamente cuando las librerías sufren más de lo debido para mantenerse en pie y no sólo por culpa del coronavirus, sino por la transformación de la industria editorial y la proliferación de los centros comerciales con patente de corso, pone en la palestra un libro que habla de una librería mítica y, sobre todo, de la librera que con audacia y valentía la condujo en tiempos difíciles.

Ya antes de la pandemia era evidente el riesgo que corrían las librerías; tan evidente que algunas tuvieron que cerrar y otras reinventarse para no ser devoradas por las grandes superficies, las nuevas plataformas y, en primer lugar, las nuevas perspectivas editoriales. Si bien es cierto que el cierre de las librerías por el estado de alarma ha supuesto un duro mazazo en muchos casos, algunos de los cuales quizá ya no volverán a abrir nunca; no lo es menos que en otros no ha hecho sino agilizar el proceso del cierre. El estado de alarma de las librerías ya había sido decretado mucho antes de la irrupción del virus, aunque éste haya agravado el resultado y trastocado las conclusiones si las hubiere.

Enfrascados en una resaca que persiste en la posibilidad de regresar a su estado líquido y abocarnos a una borrachera continua y crónica que sólo puede acabar en trastorno, nos damos a pensar que vivimos un momento único, mal que nos pese.  Basta elevar la mirada y separarla de ese punto fijo para darse cuenta de que hubo otros momentos únicos y comprometidos con la historia y el destino de los hombres y sus oficios y este libro, como otros que he tenido ocasión de leer o releer en estos tiempos de zozobra y disolución, viene a confirmarlo.

Así pues, se podría decir que es más que un libro, más que la biografía específicamente editorial de una librera abnegada y emprendedora, más que la historia de una librería emblemática −la Gotham Book Mart: La vida sin libros está muerta, rezaba el cartel de su puerta−, más que la historia de Nueva York en un siglo, el XX, de grandes cambios y contratiempos. Este libro es, sin pretenderlo, una llamada de atención sobre lo que se nos viene encima si no tomamos las precauciones necesarias y no hablo de medidas sanitarias, que también; nos invita a reflexionar a recorrer de nuevo los caminos que se recorrieron y que nos trajeron hasta aquí y pensar si una realidad que amenaza a las librerías por mor del comercio es la más adecuada. Prima el negocio rápido sobre la cultura, hay pocos editores vocacionales, menos libreros que puedan soportar la fagocitación de los lugares donde los libros son productos que añadir a la cesta de la compra. La alerta no chilla aún, pero la alarma se ha encendido ya.

Frances Steloff, autora y protagonista del libro, vivió entre diciembre de 1887 y abril de 1989, ciento un años, los suficientes para atisbar un cambio de siglo (XIX-XX) feroz y para conocer un siglo XX, también feroz. En 1920 fundó la librería −auténtica protagonista de esta sucinta historia de Nueva York−, en cuyos sucesivos escaparates −la librería cambió de ubicación muchas veces, pero nunca de perspectiva y significado− se reflejaron todos los hallazgos culturales, editoriales, artísticos, vanguardistas, que tuvieron lugar a lo largo de ese siglo. Es imposible reproducir los nombres de los escritores y artistas célebres que transitaron por allí, algunos hicieron allí sus primeros pinitos; porque la Gotham Book Mart era también mucho más que un lugar donde se compraban libros; un lugar de referencia dónde se podía hacer de todo, dónde se podía encontrar de todo y dónde podía ocurrir de todo.  La palabra “serendipias” se cuela a menudo entre las palabras de este libro que nos ofrece respuestas anticipadas. Serendipias, el hallazgo inesperado −un libro, una reliquia, una obra de arte, generosidad o amistad−; ese hallazgo que te puede cambiar la vida. Por ejemplo, una librería.

No todo eran alharacas, como es fácil de suponer, aunque las alharacas nos sean más necesarias que nunca. Por sus escaparates pasaron también dificultades, momentos abruptos, guerras y guerras mundiales, depresión, recesión económica, prohibiciones, censuras; en fin, pandemias del siglo XX, que no consiguieron, mientras vivió Frances Steloff (y luego durante bastantes años) cerrar su librería. También había entonces centros comerciales y grandes superficies que querían acaparar el comercio del libro; pero ninguno como esa gran librería y su dueña supieron llegar al corazón de los artistas y al espíritu de los lectores.

Momentos duros que no hicieron sucumbir la voluntad implícita de leer y pensar; ni la iniciativa. Tomemos nota. Todavía hay librerías que se parecen a aquella que recuerda este libro necesario en estos tiempos.