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LA FACTORÍA EINAUDI Giulio, Ernesto y toda la tropa

Convenía para nuestra memoria editorial recuperar la memoria de una de las editoriales más exitosas del siglo pasado, que como todo imperio vivió años de esplendor y años de decadencia.

Ernesto Ferrero, el autor, perteneciente a la tribu Einaudi desde 1963, nos habla con franqueza no exenta pasión y afecto de la peripecia humana de su creador, Giulio Einaudi y de todos los que le acompañaron.

En toda biografía hay un protagonista y una serie de personajes secundarios que, por mor de la peripecia, muchas veces se convierten en principales. Si la biografía (empleando el sentido lato del concepto), como en este caso, es la de una editorial del significado de Einaudi, esta apreciación se refuerza y los personajes que pululan a su alrededor alcanzaron una relevancia para el mundo de las letras parecida o, incluso, mayor que el fundador y gestor de la editorial.

El propio Ernesto Ferrero, miembro importante de la tribu desde 1963, con 25 años; aunque en su relato trate de mantener la distancia y la ecuanimidad. Difícil tarea cuando se está tan implicado en lo que se cuenta y el entorno está plagado de figuras señeras de la cultura del siglo XX como: Pavese, Calvino, Pasolini o Primo Levi, por poner sólo algunos ejemplos. También todos ellos implicados en la evolución de la editorial mucho más que si fueran meros autores de paso. Nadie era ajeno a la fuerza de atracción de un proyecto y el poder de seducción de su promotor, Giulio Einaudi, no siempre justo con sus colaboradores, pero siempre ecuánime con sus ideas y su voluntad de progresar a pesar de las muchas dificultades que fueron apareciendo en el camino.

Porque estas memorias, a través de sus personajes, implicados a su vez en las secuencias históricas que les tocó vivir, son también el retrato de una época caracterizada por la violencia y la guerra, pero también por los ideales, los valores y la persecución de la libertad como contrapartida a las dictaduras. Una época de lucha contra los fascismos y de denuncia del nazismo, en particular, que todos habían sufrido de alguna manera, como Primo Levi al que se le dedica un apartado especial. Una editorial, por lo tanto, nacida en aguas turbulentas, que no se resignó a seguir la corriente, sino que se empeñó en nadar a la contra, sin pensar en las consecuencias.

Muchas piedras en el camino, dificultades económicas, pérdidas y evasiones, pero siempre la flecha orientada al frente y la idea fija de conseguir la felicidad a través del disfrute y la pasión por los libros. Creo que fue Borges quien dijo que no se tenía por qué leer u obligar a leer, pue la lectura era un placer reservado para unos pocos. Cierto que se puede llegar a la felicidad leyendo. También que se puede llegar a la felicidad editando. Además, editar es una pasión que entra en contacto con otras pasiones como la escritura o el diseño, el arte y la filosofía, la filosofía y la ciencia… En suma, las humanidades. Y, al fondo, el lector, la pasión por la lectura; el lector como objetivo y piedra angular de esa búsqueda de la felicidad; el lector al margen del mercado; el lector que también pone pasión y humanidad en el acto de leer.

La tribu Einaudi es un buen motivo para recordar, para reconocer una época conflictiva, pero nutritiva desde el punto de vista literario, para fijar la perseverancia en una idea, la libertad de una elección, la imagen de los que desaparecieron por voluntad propia y la humanidad que desprende un modo de editar que, a poco que nos confiemos, pasará a la historia. Un modo, en resumidas cuentas, de ser felices en medio de aguas turbulentas.